Danisa Echeverría Muñoz
Coordinadora Formación General Líderes del Mañana, sede La Serena
¿Estamos dejando huella o solo entregando contenidos? El rol del docente en la educación superiorPublicado el 16/03/2026

Hace unos días, en el pasillo de un supermercado, escuché ese “nombre” que portamos con orgullo quienes elegimos esta vocación: “¡Miss!”. 

Era Benja, un exalumno de mis años en el colegio. Nos saludamos con un abrazo apretado y conversamos unos minutos sobre su vida. Al despedirnos, nuevamente con un abrazo, sentí esa alegría nostálgica y el orgullo profundo del trabajo bien hecho. Poco después, otro alumno de mi última generación como profesora jefe, antes de “colgar el delantal” como docente en la educación escolar me dijo: “Miss, si hubiera sabido antes que usted estaba en esta Universidad, me habría matriculado ahí para seguir siendo su alumno”. 

Estas experiencias me llevaron a una reflexión necesaria sobre nuestro rol como docentes en la educación superior: ¿Estamos realmente marcando a quienes serán los profesionales del futuro o solo entregando contenidos? 

A veces, en la academia, existe un temor infundado a la exigencia. Se piensa que ser estrictos provoca “caos” o desregulación en las nuevas generaciones. Mi experiencia me dice lo contrario: el caos no lo provoca la estructura, lo provoca la permisividad. 

Recordé a mi profesor de Literatura y Cultura Inglesa en la universidad. Era un hombre serio y una autoridad en su área. Si llegabas a las 8:00 con 45 segundos, la puerta ya estaba cerrada. ¿Nos traumó? Al contrario. Nos enseñó el respeto por el tiempo ajeno, por la carrera elegida y la excelencia en todo lo que hacemos. Gracias a su carisma, su inteligencia y su sabiduría, cada una de sus clases era un deleite para mi imaginación. Fue él quien sembró en mí la pasión por conocer otras culturas y la internacionalización. Hoy, cuando viajo, visito los lugares que él nos describió con tanta pasión; sigo habitando esa sala de clases en mi memoria. 

 ¿Qué estamos transmitiendo hoy en las aulas universitarias? 

Primero, disciplina con propósito. No se trata de imponer poder, sino de enseñar que la carrera que eligieron merece respeto. El límite es una forma de valorar el potencial del estudiante. Segundo, habilidades para la vida. Más allá de los planes y programas, enseñamos a través de nuestras vivencias y experiencias. Formamos la ética de quien mañana liderará una empresa o una institución en el área pública o privada. Y, por último, inspiración en tiempos de distracción. En un mundo post-pandemia y de gratificación instantánea, nuestro desafío es lograr que el alumno quiera “correr” para no perderse ni un minuto de clase porque sabe que ahí encontrará algo que ni Google ni la IA le pueden dar: humanidad.

Los profesores que dejan huella no son los que dejan hacer lo que el alumno quiere, sino aquellos que los desafían a ser mejores. Hoy me pregunto: ¿Nos recordarán nuestros alumnos cuando sean profesionales?

Tenemos un trabajo enorme por delante. La huella que dejemos dependerá de cuánto nos atrevamos a enseñar con el ejemplo, la pasión y esa “exigencia cariñosa” que tanta falta hace hoy. 

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