Durante más de un siglo, la masacre de la Plaza Colón de Antofagasta permaneció atrapada entre el mito urbano, el silencio institucional y la fragmentación de la memoria colectiva. Esa historia comienza hoy a ser reconstruida con rigor documental en el libro Los Pijes Armados. La Masacre de la Plaza Colón. Antofagasta, 1906, una obra patrimonial de 446 páginas lanzada en la Universidad del Alba como un aporte clave a la comprensión historiográfica del conflicto social, laboral y urbano que marcó a la ciudad.

La obra, dividida en ocho capítulos y financiada por organizaciones sindicales del sector minero, constituye un aporte patrimonial inédito para Antofagasta y el Norte Grande.

A través de una investigación de base documental amplia y contrastada, el libro desarma el carácter de “mito urbano” que por décadas rodeó este hecho, instalando un relato historiográfico que dialoga con la memoria social, el mundo del trabajo, la academia y la institucionalidad pública.

 

Hallazgos, método y énfasis de la investigación

Tras la concurrida presentación de la obra en la sede Antofagasta de la casa de estudios, el doctor en Historia, escritor, docente de la Universidad del Alba y autor del libro, Milton Godoy Orellana, explicó que la investigación se construye a partir de un trabajo heurístico y hermenéutico exhaustivo, con el objetivo de establecer parámetros de veracidad histórica sustentados en fuentes documentales verificables.

Para ello, revisó más de 70 periódicos nacionales y extranjeros, además de archivos en Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos y Perú, incluyendo documentación del Foreign Office británico.

Entre sus principales hallazgos se encuentra la desaparición del expediente judicial original de la masacre, “probablemente eliminado”, según señaló Godoy durante su exposición ante el auditorio, así como la identificación de herederos de algunas de las víctimas.

Destaca, además, la localización de un conjunto documental en Inglaterra que permite reconstruir aspectos clave del proceso social y económico de la época, incluyendo un seguro de incendio pagado en esos años.

Según el estudio transformado en libro, este amargo capítulo registrado en la principal plaza antofagastina pudo haber dejado un rango estimado de entre 200 y 400 personas fallecidas por acción del Estado de Chile.

“El dato se sustenta en cálculos logísticos, fuentes cualitativas y antecedentes técnicos sobre el traslado nocturno de cuerpos en carretas desde la plaza al cementerio más antiguo de la ciudad”, explicó el historiador, desmontando versiones minimizadoras que redujeron el hecho a un episodio breve y “acotado a dos carretas”.

Una lectura estructural de la historia

Lejos de una cronología episódica, el libro sitúa la masacre como expresión de un problema estructural: la injusticia social, la precariedad urbana y la desigual distribución de ingresos en una ciudad que multiplicó su población en más de un 400 % en apenas una década.