

En una región como la de Antofagasta -capital minera y energética del país, con alta movilidad laboral y exigencias climáticas extremas- el paro cardiorrespiratorio fuera del hospital constituye una emergencia crítica donde los primeros minutos determinan el desenlace.
Se estima que los servicios prehospitalarios responden a cerca de 300 paros cardiorrespiratorios al año en la región. En cada una de estas emergencias, los primeros minutos son decisivos.
La evidencia médica es concluyente: los primeros auxilios de reanimación cardiopulmonar (RCP) de manera inmediata puede triplicar las probabilidades de supervivencia. No se trata de una afirmación retórica, sino de un dato respaldado por décadas de investigación en medicina de urgencia.
Un paro cardiaco implica la detención súbita del funcionamiento mecánico del corazón. Desde ese momento, el cerebro comienza a sufrir daño irreversible en un intervalo que puede iniciar a los 4 o 6 minutos sin circulación efectiva.
En ciudades extensas, como Antofagasta, el tiempo de respuesta prehospitalaria puede ser determinante. Por ello, el primer eslabón de la cadena de supervivencia no es necesariamente un equipo especializado, sino la persona que presencia el colapso.
La ley 21.156, vigente desde mayo de 2019, obliga a recintos con alta afluencia de público a instalar y mantener Desfibriladores Externos Automáticos (DEA). Centros comerciales, aeropuertos, estadios y establecimientos educacionales con más de 500 alumnos deben contar con estos dispositivos.
La normativa busca facilitar la desfibrilación precoz, tratamiento esencial en determinadas arritmias letales. Sin embargo, ningún DEA reemplaza la necesidad de iniciar compresiones torácicas inmediatas mientras llega asistencia avanzada.
El masaje cardiaco -compresiones fuertes y rápidas en el centro del pecho, a un ritmo aproximado de 100 a 120 por minuto- permite mantener un flujo sanguíneo mínimo hacia órganos vitales.
Su ejecución no requiere equipamiento sofisticado, pero sí decisión y entrenamiento básico, especialmente en la Región de Antofagasta, donde confluyen factores que incrementan la demanda de urgencias. A ello se suma el fenómeno migratorio y los cambios epidemiológicos que tensionan la red asistencial.
Por eso, masificar la capacitación en primeros auxilios no es una medida simbólica, sino una política sanitaria estratégica, porque cada ciudadano entrenado amplía la red real de respuesta ante emergencias, una oportunidad para que Antofagasta avance hacia un modelo de ciudad cardioprotegida.