Rosa Roa Vera
Directora General de Asuntos Estudiantiles de la U. del Alba
Liderar con propósito: el camino de las mujeres en la Educación SuperiorPublicado el 24/03/2026

Estudié Trabajo Social por una profunda convicción y vocación de servicio, con el propósito de contribuir activamente a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. Desde el inicio de mi formación, comprendí que esta disciplina no solo implica acompañar procesos individuales, sino también impulsar transformaciones colectivas.

A lo largo de mi trayectoria, he sido profundamente consciente de que formo parte de una historia más amplia: la de muchas mujeres que, desde fines del siglo XIX, comenzaron a abrirse paso en espacios que inicialmente no estaban pensados para ellas. Ese ingreso a la educación superior no fue un proceso lineal; estuvo marcado por avances, resistencias y la necesidad constante de demostrar capacidades en contextos exigentes.

En mi experiencia, uno de los principales desafíos ha sido precisamente compatibilizar múltiples roles —profesionales, personales y de liderazgo— en entornos que aún están en proceso de transformación cultural. Sin embargo, estos desafíos han sido también grandes oportunidades de aprendizaje.

He aprendido que el liderazgo no se impone, se construye desde la coherencia, la empatía y el compromiso con otros. También he comprendido que abrir camino no es solo avanzar individualmente, sino generar condiciones para que otras mujeres puedan desarrollarse con mayor equidad y confianza.

Hoy, miro ese recorrido con convicción: cada dificultad enfrentada ha fortalecido mi propósito de contribuir a una educación superior más inclusiva, humana y centrada en las personas.

Actualmente, vemos avances significativos. Según datos recientes, el 2024, 52,6% de las matrículas de primer año en pregrado corresponde a mujeres, lo que refleja un cambio estructural importante en el acceso a la educación superior. Sin embargo, el desafío ya no es solo el acceso, sino la permanencia, el desarrollo y las oportunidades reales de liderazgo. La equidad de género implica avanzar hacia condiciones que permitan a las mujeres desplegar plenamente su potencial, sin que factores como la maternidad, las responsabilidades familiares o los estereotipos de género se transformen en barreras.

En este sentido, las políticas de conciliación entre la vida laboral, académica y familiar son fundamentales. No se trata de generar beneficios aislados, sino de construir culturas institucionales que valoren la diversidad de trayectorias y promuevan entornos inclusivos.

Como universidad, tenemos un rol clave: formar profesionales con conciencia social, pero también garantizar espacios donde las mujeres podamos proyectarnos, liderar y tomar decisiones en igualdad de condiciones.

A todas las estudiantes y futuras profesionales, quiero decirles algo muy importante: hoy ustedes no solo están accediendo a la educación superior, están transformando el futuro. Los datos lo respaldan con claridad: las mujeres destacan en el rendimiento académico, con mayores tasas de aprobación, retención y titulación. Esto no es casualidad, es reflejo de su compromiso, perseverancia y capacidad.

Pero más allá de las cifras, lo relevante es que confíen en su propio potencial. No permitan que nadie limite sus aspiraciones ni defina hasta dónde pueden llegar.

Atrévanse a participar, a liderar, a equivocarse y volver a intentarlo. Busquen redes de apoyo, levanten la voz y construyan comunidad. El liderazgo femenino no se trata solo de ocupar espacios, sino de transformar esos espacios con sentido, ética y compromiso social. Ustedes son las protagonistas.

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