Mg. Mylene Seguel Fuenzalida
Académica e investigadora en conservación marina y fauna silvestre de Medicina Veterinaria
Gigantes frente a nuestras costas: por qué las ballenas jorobadas necesitan un mar seguroPublicado el 01/09/2026

El reciente hallazgo de una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) juvenil en las costas de La Serena vuelve a poner nuestra mirada sobre uno de los animales más impresionantes que recorren el océano. Pero también nos recuerda algo importante, las ballenas no solo visitan nuestras costas. Son parte del funcionamiento del ecosistema marino y su presencia nos habla de la riqueza de nuestro mar.

Una ballena jorobada adulta puede alcanzar cerca de 18 metros de longitud y alrededor de 40 toneladas de peso. A pesar de su enorme tamaño, estos animales realizan largos viajes a través del océano y dependen de zonas específicas donde encuentran alimento suficiente para recuperar energía y continuar con su recorrido por los mares.

¿Qué hacen las ballenas jorobadas en la Región de Coquimbo?

 Las aguas de Coquimbo, especialmente en sectores cercanos al Archipiélago de Humboldt, son muy ricas en alimento. Esto ocurre porque aguas frías y cargadas de nutrientes suben desde zonas profundas hacia la superficie. Es como si el océano recibiera constantemente un “fertilizante natural”. Gracias a esto crece el fitoplancton, que alimenta a pequeños organismos y peces, y estos a su vez sirven de alimento para animales mayores. Ballenas azules, fin y jorobadas utilizan estas aguas para alimentarse, especialmente durante los meses de verano. De hecho, el Archipiélago de Humboldt ha sido reconocido internacionalmente como un Área de Importancia para Mamíferos Marinos, entre otras razones por su relevancia como zona de alimentación de grandes ballenas.

Las ballenas jorobadas pueden utilizar estas aguas para alimentarse y recuperar energía durante sus largos viajes por el océano. Por eso, observar una ballena frente a nuestras costas no es necesariamente algo casual, significa que este lugar tiene condiciones importantes para su vida.

¿Por qué son importantes las ballenas?

Las ballenas ayudan a mantener el océano funcionando, porque al desplazarse y eliminar sus desechos, ayudan a mover y reciclar nutrientes esenciales, permitiendo que estos vuelvan a estar disponibles en la superficie del mar.

Allí se encuentra el fitoplancton, pequeños organismos entre ellos microalgas que dependen del sol y de estos nutrientes para poder vivir. El fitoplancton son la base de la cadena alimenticia en el mar. En otras palabras, al favorecer el crecimiento del fitoplancton, las ballenas también ayudan indirectamente a que peces, aves y otros animales del océano se puedan alimentar. A este proceso se le conoce como la “bomba de las ballenas”.

Las ballenas también cumplen un papel importante al almacenar carbono en sus grandes cuerpos durante muchos años. Esto ayuda a mantener parte de ese carbono fuera de la atmósfera, donde en exceso contribuye al calentamiento global.

Cuando una ballena muere de forma natural en mar abierto y su cuerpo llega al fondo del océano, parte de ese carbono puede quedar almacenado allí por mucho tiempo. Además, su cuerpo se transforma en alimento y refugio para numerosos organismos marinos durante años. Por eso, incluso después de morir, una ballena puede seguir aportando al equilibrio y funcionamiento del ecosistema marino.

¿Qué significa que muera una ballena joven?

Una ballena jorobada puede vivir 80 a 90 años. Cuando muere un ejemplar juvenil, como ocurrió estos días en La Serena, no solo perdemos al animal que vemos frente a nosotros. Se pierden también décadas de participación en el ecosistema y su futura contribución reproductiva a la población.

Una muerte aislada no significa necesariamente que toda una población esté en peligro. Sin embargo, cuando las muertes de individuos jóvenes provocadas por actividades humanas comienzan a repetirse, el problema puede hacerse mucho mayor. Es parecido a sacar continuamente animales jóvenes de una población antes de que tengan la oportunidad de reproducirse: con el tiempo, esa pérdida puede comenzar a sentirse y las poblaciones de ballenas, comienzan a disminuir.

 ¿Por qué mueren las grandes ballenas?

Conocer la causa de muerte de una ballena no siempre es fácil. Por eso las necropsias y los análisis de muestras son tan importantes. Nos permiten buscar lesiones, enfermedades y otras señales que no necesariamente pueden observarse desde el exterior.

Las ballenas pueden morir por causas naturales, como enfermedades o problemas nutricionales, pero también existen amenazas relacionadas con las actividades humanas. Entre ellas se encuentran el enmallamiento en redes y artes de pesca, la contaminación y las colisiones con embarcaciones.

Una colisión con un barco puede provocar fracturas, fuertes traumatismos internos o heridas causadas por las hélices. En algunos casos, una ballena puede ser golpeada por una embarcación de gran tamaño sin que quienes viajan en ella siquiera se den cuenta.

Más barcos también significan nuevos desafíos

Este punto es especialmente importante para la Región de Coquimbo, ya que nuestras costas poseen una riqueza marina excepcional y albergan numerosas especies que dependen de estos ecosistemas. Al mismo tiempo, el desarrollo de distintas actividades en la zona puede generar un aumento en el tránsito de embarcaciones.

Cuando aumenta el tráfico marítimo también aumenta la posibilidad de que embarcaciones y ballenas se encuentren en un mismo lugar. Podemos imaginarlo de manera simple, si una carretera atraviesa un lugar donde constantemente cruzan animales, mientras más vehículos circulen por ella, mayores serán las posibilidades de un accidente. En el mar ocurre algo parecido. Si nuevas rutas de navegación se superponen con lugares donde las ballenas se alimentan, descansan o se desplazan, el riesgo de colisión puede aumentar.

Por eso, cualquier aumento importante del tráfico marítimo debería ir acompañado de estudios adecuados, monitoreo de cetáceos, planificación de rutas y medidas que permitan disminuir estos riesgos.

Desarrollo y conservación no necesariamente tienen que ser enemigos. Pero para que puedan convivir, debemos conocer primero qué especies utilizan estos lugares y proteger los espacios que necesitan para sobrevivir. Cada decisión que implique un aumento de actividades en nuestras costas debe estar basada en conocimiento real, evidencia científica y una evaluación responsable de sus posibles impactos, especialmente cuando se trata de ecosistemas frágiles y especies que dependen de ellos para sobrevivir.

La muerte de una ballena no debería ser solamente una noticia que lamentamos. También debería ser una señal de alerta. Estos gigantes cumplen funciones importantes en el océano y su ausencia puede tener efectos que van mucho más allá de un solo individuo. Cada ballena que muere antes de tiempo nos recuerda que nuestras decisiones también dejan huella en el mar.

¿Estamos tomando hoy las decisiones necesarias para que las ballenas sigan encontrando en nuestras costas un lugar seguro para alimentarse, desplazarse y sobrevivir?

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