Universidad del Alba sede Antofagasta llevó la historia y memoria del territorio a la Escuela de Suboficiales (ESUCAR) de Carabineros Antofagasta, a través del conversatorio “Gobernar el Desierto: Análisis del Rol del Estado en la Configuración Administrativa, Social e Identitaria en el Desierto de Atacama (1880-1980)”. La actividad, encabezada por el historiador y académico de la institución, Milton Godoy, propuso recorrer el pasado del norte para comprender cómo se construyeron sus ciudades, comunidades e identidad.

El desierto tiene memoria. Está en las antiguas oficinas salitreras, en las rutas que se abrieron entre puntos de agua, en los ferrocarriles que conectaron lugares aislados y en las historias de miles de personas que llegaron desde distintos lugares buscando una oportunidad. Desde esa perspectiva, el doctor en Historia utilizó el pasado no solo para repasar fechas y acontecimientos, sino también para abrir preguntas sobre la relación entre el Estado, el territorio y sus habitantes.

Del desierto al territorio

La exposición abordó la transformación de un territorio difícil de administrar, desde la presencia militar y la creación de la provincia de Antofagasta, el 12 de julio de 1888, hasta la expansión de caminos, ferrocarriles, redes de agua y asentamientos.

“Las agencias del Estado se configuran de acuerdo con las necesidades”, explicó Godoy, destacando cómo la infraestructura permitió consolidar la presencia estatal y conectar un territorio marcado por la aridez.

En ese proceso, el agua ocupó un lugar central. A través de mapas, el historiador mostró cómo antiguos puntos de abastecimiento fueron dando paso a rutas, redes y nuevos asentamientos, mientras caminos, ferrocarriles y sistemas de abastecimiento se transformaban también en herramientas para integrar el territorio.

Pero detrás de esos mapas también aparecieron lugares concretos que fueron parte de la historia regional. Taltal, Gatico y las oficinas salitreras surgieron como escenarios de una expansión que no solo movilizó capitales y recursos, sino también a miles de trabajadores y sus familias.

El propio Godoy relató esa historia desde su experiencia familiar. “Mi padre fue enganchado al salitre. Él llegó a la oficina salitrera. Yo nací en una oficina salitrera”, contó, recordando que nació en una oficina del sector de Taltal y que parte de su familia quedó ligada a ese territorio.

Pero el auge económico convivió con condiciones de vida extremadamente duras. “En el momento en que había mucho auge y mucha riqueza, nuestros niños se morían”, afirmó, aludiendo a la alta mortalidad infantil que afectaba a las comunidades salitreras.

Como ejemplo, se mencionó el antiguo asentamiento de Gatico, en las cercanías de Tocopilla, donde recordó la existencia de un cementerio con numerosos niños fallecidos en un periodo marcado por enfermedades y precariedad.

Una riqueza que transformó a Chile

El crecimiento de Antofagasta y de otras ciudades fue vertiginoso. Miles de personas llegaron desde distintos lugares de Chile y también desde el extranjero, configurando una sociedad diversa en torno a la actividad minera.

Para Godoy, esa historia plantea una pregunta que trasciende el pasado: “¿Qué hubiese sido de Chile sin la región de Antofagasta?”. El salitre contribuyó decisivamente a las arcas fiscales del país y, décadas después, el cobre ocuparía ese lugar. Hoy, el litio aparece como otro recurso estratégico. Sin embargo, el historiador cuestionó cuánto de esa riqueza ha permanecido en los territorios donde se genera.

“Chile tuvo ingresos siderales, todo se fue al centro del país, no se quedaron acá”, sostuvo, vinculando esa experiencia histórica con el presente. “¿Y lo que está pasando con el cobre hoy día? Todo se va al centro del país”, dijo.

Identidad y pertenencia

La historia también abrió una discusión sobre identidad regional. Godoy sostuvo que conocer el pasado es fundamental para que quienes habitan el norte puedan sentirse parte del territorio.

En esa tarea, también se relevó el papel de las universidades. “La universidad no está para hacer más de lo mismo. La universidad está para transformar el territorio en que está”, afirmó.

La dimensión migratoria también fue abordada por el vicerrector de Universidad del Alba sede Antofagasta, Valentín Volta, quien aclaró que la identidad regional se ha construido a partir de sucesivas oleadas migratorias.

“Antofagasta tiene una historia migratoria muy importante: primero europea, ahora latinoamericana, pero también tenemos mucha migración interna. Mucha gente que vino de la Cuarta Región, de Coquimbo, Ovalle, Monte Patria, en fin, fueron los enganchados de la época salitrera”, señaló.

En esa línea, Volta destacó el papel de la educación superior en ese proceso. “Lo que nosotros queremos hacer como universidad es recuperar un poco la conciencia histórica, nuestro patrimonio y nuestra identidad”, puntualizó.